Hace unos meses tuve la sensación de que me estaba ahogando. Navegar nunca ha sido mi fuerte; soy más de subirme al bote y pegar saltos hasta volcarlo. Sin embargo esta vez, no estaba sola. La última vez que mi bote comenzó a balancearse con fuerza fue cuando encontré esos ojos. Se subieron conmigo y comenzaron a saltar como si la vida les fuera en ello, hasta que volcamos. Lo cierto es que nos costó volcar; estabamos pendientes de mirarnos hasta hartarnos y eso nos mantenía quietas la mayor parte del tiempo.
Cuando volcamos, caímos al agua. Estaba helada, pero no quemaba... Busqué con la intención de encontrar esos ojos de nuevo, pero se habían perdido entre las aguas... Desde entonces sentí que mi vida estaba incompleta y mi cabeza revuelta.
Sabía que volvería a encontrarlos, pero no sabía como me mirarían.
Tantos silencios estaban por dejarme sorda y tantas palabras estaban por callar mi boca...
Después de ese día, siempre volvía a mi bote, de camino al silencio a encontrarme con tus recuerdos.
Siempre fui partidaria de que lo paralelo se vuelve perpendicular si quieres; y yo quería conseguirlo.
Si tengo que ser fiel a alguien o a algo, en primer lugar tengo que ser fiel a mí misma. Si busco el amor verdadero, antes tengo que cansarme de los amores mediocres que encuentre. La poca experiencia de vida que tengo me ha enseñado que nadie es dueño de nada, todo es una ilusión, y eso incluye tanto los bienes materiales como los bienes espirituales.
Estuve a un suspiro de salir corriendo y olvidarme de esa mirada tan elocuente pero... ¡Siempre con los jodidos "peros"!
Nuestro secreto estuvo en tener la mente sucia y el corazón limpio...
Yo soy natural, como los desastres... Si el cuerpo me pide algo, a mí no me queda otra que dárselo, o al menos intentarlo.
Me pidió tus ojos y ahora dejas que tus ojos me digan lo que piensas, aunque... ¡me has costado tres semanas de bipolaridad!
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