lunes, 11 de mayo de 2015

Canela II.

Llegas, y me golpeas con la certeza entre los omoplatos; un escalofrío capaz de levantar un maremoto entre mis piernas que se sale de toda escala imaginable. Tu mano anclada en mi cabeza, la mía en tu cintura, tu voz impasible sonando a escasos centímetros de mi costado izquierdo.
Te has armado de valor y has disparado sin vacilar. Me zumban los oídos del vértigo que he sentido cuando me has rozado. Sabes que sé que ha sido intencionado, ese segundo que sobraba casi tanto como la distancia que ahora nos separa. Qué locura más excitante.
Te miro y tiemblo porque se que tú también lo haces. 

¿Qué nos estamos haciendo?
¡Estás jodiendo todas mis putas ideologías! 

Dos besos. Nuestros nombres realmente poco importan. Cállate, deja que tu cuerpo hable. Ya estás otra vez llamando mi atención. No, no sabes que ya la tienes. Pero qué bonita y qué prohibida eres, qué suerte.

Ven, acércate... quiero erizarte la piel.

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