Tu sonrisa no se olvida, tampoco tus bostezos ni el chasquido de tus dedos.
Te sigo esperando a las ocho ahí arriba todos los días.
Sé que no me entiendes, eso es lo que te hace especial. Yo tampoco me entiendo pero me vuelves loca.
Tus paranoias eran las que hacían que me parase en un abismo y me arroyase esperando encontrarte.
Que vida sería esta sin tus muñecas, sin tus muecas o qué se yo.
Mi espalda no es la misma, tú la protegías. Ahora tengo un escudo que me hace perder atractivo.
Me miro y yo tampoco soy la misma, el abismo ha desaparecido, tú no estas pero yo sigo estando loca.
El recuerdo
La risa se oye a mas distancia que ayer, me acaba de venir ahora a la cabeza, es un proverbio judío. Yo creo que las penas siempre nos pesan más que las alegrías. Tendemos a recordar el pasado con nostalgia, pero, me parece que en proporción, son muchos más los momentos de sufrimiento que de felicidad, o alomejor es que la felicidad no existe.

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