martes, 4 de septiembre de 2012
Entre picos de distancia y palos de silencio II.
Segunda parte.
¿Tú te corres por placer o por prisa?
No sé cuándo, pero me puse a cavar un agujero.Primero dije: esta será mi tumba.Luego: está será la de los dos.Después metí a nuestros hijos.A familias enteras.Colegios.Ciudades.Cualquier excusa es buena si solo quieres seguir cavando.Si solo quieres mancharte las manos de mierda y removerla hasta que el (d)olor
(d)uela a cadáver.
Y yo he llegado pronto a la última cena y parece que se me hace tarde,ni siquiera va a amanecer,contaba con ello.Es posible que ya nunca más lo haga,de ahí las ojeras, la cafeína,mi insana adicción a la noche.
Los ojos, ¿Te fijaste en mis ojos el día que recobré mi antigua mirada? La triste, quiero decir.
Yo no.Sabes que nunca me fijo en esas cosas.Que aunque puedo acertar literalmente la siguiente frase
nunca atino con el final de las películas.Que soy malísima en ciertos detalles o mi maldita costumbre de preguntarte si te has corrido cada vez que te deshaces entre el polvo.
Que me puse al borde del precipicio con un peta en la mano y una birra en la otra.
Cantando “la última vez que me suicidé ni Madrid era una fiesta ni tú llorabas”,sin saber hacia dónde tirar
o tirarme,perdida e indefensa como un animal salvaje que enseña los dientes
mientras el miedo se caga sobre él.
Con el lodo al cuello,haciendo mal a bares de vidrios vacíos,saltando a la pata coja,sin saber del todo si me hiela el calor o me quema el frío,doy un buen trago y el humo sale desde muy dentro (como el dolor cuando se vomita, como los besos) por mi boca.
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