viernes, 20 de marzo de 2015

Las patas de la mentira.

¿Cúal fue la mentira más grande que tus padres te contaron de pequeño?

No me preguntes por los afluentes más importantes de la Península, ni por las ecuaciones de segundo grado, ni por las "Coplas a la muerte de su padre", de Jorge Manrique. En cambio recuerdo el inmenso sabor del ColaJet de limón, la rugosidad de las costras en mis rodillas, la barriga de John Wayne en los westerns de Primera Sesión, la ansiedad por conseguir chapas que no estuvieran dobladas, o la alegría de ver a Santillana marcar un gol.
Recuerdo la manera exacta en la que el asiento de mi padre olía a Soberano; y la frase favorita de mi madre: "¿Te crees que soy el bancospaña?". 
Recuerdo que la felicidad era el primer mordisco del dónut en el recreo de las once. 
Quizá recuerdo todas esas cosas porque estaban entrelazadas con el momento en el que descubrí por fin toda la verdad sobre las mentiras de mi familia.
Yo debía tener once años, o quizá diez, o quizá doce, el día en el que papá vendó teatralmente los ojos de mamá con un paño de cocina y la condujo a ciegas hasta el salón...

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