domingo, 7 de junio de 2015

Sálvame.

Diariamente pedimos deseos o simplemente dos de whisky con hielo para tomar en la barra de cualquier bar sin compañía...
Entré pues al bar, y me senté. Esta vez no fui a la barra, si no a una reserva que hice de "mesa para dos". 
La camarera me dió la carta algo sorprendida, con cara de "qué lástima da verte"
La verdad es que no estaba nada mal, y a no ser de tener visita, hubiera invitado a esa tía a sentarse conmigo.

Cogí la carta, la cerré y le dije, -"Soledad para dos, por favor, ¡ah sí! y un vaso de agua para pasarlo, del mejor que tengas, gracias".

La cara de esta fue un espectáculo, pagaría por verla día sí, día también, pero lo cierto es que cogió la carta y se dirijió a la cocina con intención de pedirlo como si se tratase de cualquier combinado de bar cutre.
Trajo el vaso de agua, estaba demasiado fría, lo que provocó algo de dentera chirriosa e incómoda. Le hizo gracia. Por la cara que puse al darle un trago pareció que me había metido un chupito del tequila más mexicano que existe.
Me sonrió y lo cierto es que me sentí salvada... hacía mucho tiempo que alguien no me salvaba con una sonrisa tan bonita y sincera. 
Me enamoré de la boca del lobo. Tuve la sensacíón de que eso no estaba bien, y como el ser humano huele lo prohibido y lo convierte en presa, yo no hice menos...
Mi "soledad para dos" no llegaba, y quise preguntarle.
-"Disculpa, ¿hay algún problema con mi pedido? Aún no ha salido y llevo esperando un rato mientras veo platos y platos salir de cocina".
Me miró, se sentó a mi lado riéndose y me dijo:
-"Es que mi turno no acaba hasta las 23:00h, en 20 minutos acabo y tendrás tu pedido sentado en frente".


Pedimos soledad cuando lo que necesitamos es alguien que nos cuide y nos diga que todo va a salir bien, que somos fuertes, y que podemos mojarle el hombro siempre que lo necesitemos...



Sálvame...












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