viernes, 21 de diciembre de 2012

Por hacerme temblar sin hacer falta el frío.




Las agujas del reloj sonando me hacen gracia, piensan que todo les pertenece, que todo acaba cuando llegan a un punto u otro de la circunferencia.
Tú y yo. Como siempre. Tú y yo lo único que pedíamos era que ésto no acabara nunca. Que nada ni nadie nos impidiese ser felices. Pero no nos bastaba con eso: felices debía ir acompañado de un "juntos para siempre" y ese era el problema: siempre.
Las agujas del reloj giraban juntas, pero separadas, como nosotros. Cada una a un ritmo, el cual no conseguíamos seguir. 
Ellas nunca dejarían su camino, podrían volver al pasado una hora o adelantarse unos minutos, pero siempre seguirían hacia delante. ¿Nuestro camino sería así? Suena aburrido, pero eso queríamos. Girar. Girar. Girar. Vernos la cara 24 veces al día y mientras seguir girando. Pero por lo menos sería para siempre, eso era suficiente. Y menos mal...
Cuando el silencio te inunda ahí está el tic-tac para tocarte los huevos y romper el instante de tranquilidad. Eso, en cierto modo, era yo para ella. Qué placer ser el tic-tac de alguien. Ella para mí era algo parecido a la sensación de ver en el reloj, las agujas de las horas y de los minutos, coincidir en el 12 y pensar: sí señor, otro día vivo. 
No somos más que agujas echándose carreras a ver quién se ama más a las 02:25 de la mañana,
sigue girando, para siempre.

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